La fundación de la República de Guatemala

En Guatemala no se conmemora la fundación de la República de Guatemala, hecho acaecido el 21 de marzo de 1847. De igual manera, la mayoría de guatemaltecos ignora que el primer presidente de la República de Guatemala fue Rafael Carrera.


Antecedentes

El 22 de noviembre de 1824 quedó constituida la República Federal de Centroamérica. Esta estaba formada por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Juntas formaban un Estado federado, con un presidente y un Congreso Federal, mientras que cada una conservaba un Estado con su propio jefe o presidente de Estado. El último presidente federal fue el hondureño Francisco Morazán, en tiempos en que el Jefe del Estado de Guatemala era Mariano Gálvez. El intento por mantener unida a Centroamérica en un Estado Federal no fructificó, pues no duró ni siquiera dos décadas. Como bien lo apunta Regina Wagner, “El fin de la Federación empezó cuando cayó el gobierno liberal del doctor Mariano Gálvez el 1º. de febrero de 1838” (WAGNER, 2009, p.10).

Luego de la caída de Mariano Gálvez, se produjo un efecto dominó con la separación progresiva de cada uno de los Estados Federados:

Nicaragua se separó el 30 de abril de 1838, Honduras lo hizo el 28 de octubre de 1838 y Costa Rica, el 14 de noviembre del mismo año. El 1 de febrero de 1839 la Federación Centroamericana quedó disuelta oficialmente. El Salvador no aprobó la separación sino hasta 1841. Literalmente el único Estado sobreviviente de la Federación era Guatemala.

Cuando Rafael Carrera asumió la presidencia del Estado de Guatemala, en 1844 existían las condiciones para crear la República de Guatemala, ya que, ante la disolución de la República Federal, y ante las pocas probabilidades de revivirla, no había más opción que establecer dicha república. Igualmente había presiones externas para tal fundación. Tanto el cónsul general de la Gran Bretaña en Centroamérica, Frederick Chatfield, como Rudolph Klee, cónsul general para Centroamérica de las Ciudades Hanséaticas de Bremen y Hamburgo, y los reinos de Hannover y Prusia, presionaron para que Guatemala se constituyera como Estado independiente.

La fundación de la República de Guatemala

El 21 de marzo de 1847, el entonces Presidente del Estado de Guatemala, Rafael Carrera, firmó el decreto número 15, con el que se fundó la República de Guatemala. Un hecho tan relevante en la vida política de un país debería al menos ser recordado. En nuestro país, y a partir del arribo de los gobiernos liberales en 1871, y cuyo poder se extendió hasta 1944, ocurrió todo lo contrario. Los gobiernos liberales y sus intelectuales diseñaron una estrategia para borrar de la memoria aquel hecho ocurrido el 21 de marzo de 1847. Y al parecer la estrategia funcionó perfectamente.

En su proyecto de nación, los liberales consideraban que eran ellos los llamados a llevar a Guatemala a la modernidad, al mundo civilizado. En su proyecto modernizante ocupaba un lugar determinante romper con el modelo que los precedió, es decir con el llamado “Régimen Conservador” (1838 a 1871). Ideólogos liberales como el Doctor Lorenzo Montúfar platearon esa dicotomía conservador-liberal, en la que ser conservador era ser retrógrado, atrasado, mientras que ser liberal era ser moderno, civilizado. A propósito Víctor Hugo Acuña en su trabajo “La historiografía liberal centroamericana: la obra de Lorenzo Montúfar (1823-1898)”, señala lo siguiente:

Desde la Independencia, –dice Montúfar– los dos partidos políticos en que ha estado dividido el país, han tenido diferentes denominaciones. Un partido se llamaba servil o moderado, y otro liberal o fiebre. Los serviles no han insistido en Centro-América, como en otros países en que se les llame moderados. Probablemente, ellos comprenden que la historia de Centro-América es un argumento terrible contra tal moderación. Quieren que se les llame conservadores. No en todos los periodos de nuestra historia han podido tener esa denominación. Pudo llamárseles conservadores cuando querían conservar el régimen español y el imperio mexicano; pero no podían llamarse conservadores sino retrógrados y reaccionarios cuando querían destruir la nación y las leyes liberales. Desde el 13 de abril de 1839, los serviles pudieron volverse a llamar conservadores porque se proponían conservar el solio ensangrentado de Rafael Carrera. (Lorenzo Montúfar, citado por Acuña, 2006).

Fueron los liberales los encargados de crear el imaginario de nación más exitoso que ha habido en Guatemala. Parte de su éxito fue borrar de la memoria y de la historia al período que consideraban como edad oscura de Guatemala. Si los liberales eran los paladines de la modernidad, era porque habían derrotado al lastre conservador. Y su victoria no fue solo con las armas. La toma de la ciudad de Guatemala, y del poder político aquel 30 de junio de 1871, cuando derrotaron al último gobierno conservador, el de Vicente Cerna, vino acompañada de los esfuerzos por desterrar para siempre al período que ellos mismos bautizaron como Dictadura Conservadora.

“El discurso historiográfico desarrollado a partir de 1871 estuvo vinculado a la construcción del Estado nacional, por lo que la historia y su utilización política pasaron a ocupar un lugar privilegiado.” (Valladares, 1994:105)

En ese orden de ideas, los autodenominados liberales, decidieron que en su proyecto de nación tendría más sentido la conmemoración de hechos como la Independencia de Centroamérica del 15 de septiembre de 1821, que el de la Fundación de la República de Guatemala. Estas ideas se trasladaron a la historiografía y a los libros de texto de la época, como el del ya citado Lorenzo Montúfar, “Reseña Histórica de Centro América (1878) o el “Curso de historia de la América Central, desde tiempos primitivos hasta 1914 (José Antonio Villacorta, 1915).

Con el advenimiento del Centenario de la Independencia de Centroamérica, celebrado el 15 de septiembre de 1921, los gobiernos liberales y sus intelectuales le pusieron la guinda al pastel de la conmemoración de este hecho, y a la vez del destierro de la fecha del 21 de marzo de 1847. Ni los gobiernos, ni los docentes, ni los escolares supieron más de la Fundación de la República de Guatemala, ni de su primer presidente, Rafael Carrera. En su lugar se vino, como hasta la fecha, todas esas manifestaciones “cívicas” en torno a la conmemoración de la independencia, como los desfiles escolares, los altares cívicos, y un poco más adelante las antorchas.

Igual suerte corrió la figura de Rafael Carrera, borrada de la historia oficial. En todo el país solo un paso a desnivel, en la ciudad capital, se inauguró con su nombre. En el imaginario sobre Rafael Carrera mucha gente se limita a repetir que era analfabeta y un ignorante que no podía ni escribir su nombre. En su lugar los gobiernos liberales de la primera mitad del siglo XX elevaron a Justo Rufino Barrios a la categoría de “El Reformador de Guatemala”. En su nombre de erigieron estatuas, bustos y demás. Escuelas públicas, colegios, colonias y calzadas fueron bautizadas igualmente con su nombre. Su rostro se estampó en el billete de cinco quetzales. No hay un personaje laico que haya sido más reproducido en esculturas que él.

Por supuesto que en este artículo no pretendemos hacer una apología sobre la figura de Rafael Carrera. Sin embargo sí es importante que, como docentes, podamos explicar cómo es que la historia puede contribuir a exaltar a determinado personaje, y también a desprestigiar e incluso anular lo actuado por ciertos personajes. La historia puede ser utilizada para manipular. Justamente una evidencia palpable de ello es que hoy, tanto la Fundación de la República de Guatemala, como su primer presidente, Rafael Carrera, han sido borrados de la historia y de la memoria.

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