Los Reyes llegan a la fiesta cultural y religiosa

 Cientos de personas, a pie, en caballos y hasta en burros participan de esta festividad en distintas comunidades.



Desde los primeros días de enero en las comunidades de San Pablo, Misquilli, Cuatro Esquinas, Pataló, Angahuana y otras de Santa Rosa al sur occidente de Ambato, se puede apreciar a varios grupos de personas con trajes extraños y con su rostro completamente pintado de negro visitando las viviendas de los habitantes con el propósito de recolectar un tributo al Niño Dios, el mismo que será entregado en la Fiesta de los Reyes Magos.

Con botella en mano y al son del bombo y la flauta, hacen bailar a los dueños de casa, quienes les colaboran con un presente que casi siempre es uno o dos cuyes, los mismos que serán entregados a todos quienes han acompañado al prioste o caporal.

 Viene de tiempos inmemorables

Manuel Telenchana es uno de los caporales y mientras camina a las visitas señala sentirse orgulloso de ser parte de esta conmemoración. “Desde tiempos inmemoriales nuestros antepasados realizaban esta celebración, pero desde hace unos 40 años ha tomado fuerza y constituye una verdadera tradición y, sobretodo, manifestación de fe y devoción al Niño Dios”, asegura.

Según el caporal, durante todo el mes recorren la comunidad y el tercer sábado de enero salen a las llamadas visitas donde van a las casas de los priostes donde les esperan con chicha, cuy, gallina o lo que el anfitrión tenga voluntad.

Cientos de personas acompañan a cada caporal, los mismos que representan a cada comunidad, mientras otros abren camino guiando al prioste y a quienes acompañan. Hay quienes mantienen sus ojos puestos en las denominadas camamulas, pues son los tesoros que los reyes llevaban al Niño Dios, así, deben proteger con su vida, asegura Julio Manobanda, uno de los dueños de la camamula.

Aunque la noche cubre de tinieblas el sector, la celebración no para, ya que fortalecidos en la fe y sus costumbres caporales, guarichas, negros, princesas, maridueños, coroneles, embajadores y, por supuesto, los reyes se concentran en la plaza central de San Pablo para las famosas vísperas.

 Una dramatización de fe

Al día siguiente, el domingo, muy temprano todos los personajes sacan sus mejores trajes, flamantes, relucientes, puesto que luego de la misa ofrecida al Niño Dios se lleva a cabo la dramatización de la llegada de los Reyes Magos.

Alex Caiza, quien representó al Rey Herodes, indica que esta mezcla de la tradición de su pueblo se complementa con la devoción que mantienen al Niño Dios y para él constituye un agradecimiento por todas las bendiciones recibidas.

En caballos y bajo la mirada y atención de cientos de personas que se concentran en la plaza central de la comunidad San Pablo, los reyes muestran su propósito mientras Herodes, la Herodiana y la princesa rechazan con firmeza su mensaje.

Por un costado de la plaza, Washington Manobanda grita a los acompañantes para que se ordenen, porque el caporal les brindará el tradicional ‘cuyjapi’, que es un cuy asado incrustado en un palo de pincho y envuelto en una funda como agradecimiento por su colaboración.

Adriana Díaz, oriunda de Ambato, afirma que se va impresionada el ver cómo la gente de las comunidades se apropia de sus tradiciones y costumbres. “A pesar de que es una mezcla entre lo religioso y lo autóctono, se trata de un ejemplo a seguir porque en las ciudades ya no se ve eventos similares que mantengan intacta su identidad y demuestren la solidaridad y unión”, aseguró. (FCT)

http://lahora.com.ec

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