El ganado salvaje, más allá de la leyenda

PENÍNSULA DE GUANAHACABIBES, Pi­nar del Río.Cuba—Co­mo casi todo en la península de Guanahacabibes, el ganado salvaje que habita esta remota porción de tierra virgen, tiene su propia leyenda.


Dicen que pudiera ser el rebaño más antiguo de Cuba, teniendo en cuenta la época en que se comenzó a introducir y el nivel de pureza mantenido a lo largo de los siglos.

Con el tiempo, son varias las versiones que se han manejado sobre su origen. Una de ellas asegura que toros y vacas llegaron hasta acá como consecuencia de los naufragios, y también hay quienes sostienen que fueron traídos por algunos de los conquistadores españoles que terminaron de organizar sus flotas en el extremo occidental de la Isla, antes de partir en ellas a someter el nuevo mundo.

Aunque no se descartan del todo, quienes han investigado el tema, refieren que el fomento de la ganadería en la península data de los inicios de la colonización española, y estuvo a cargo de las personas que se asentaron en esta zona, procedentes en su gran mayoría de Galicia.

Pedro De Celis, especialista de desarrollo de la Empresa Agroforestal Guanahacabibes, afirma que fueron los conquistadores quienes trajeron consigo los primeros ejemplares de ganado vacuno, con el propósito de abastecerse de carne y leche fresca.

UN GANADO DIFERENTE
Tienen cuernos afilados y colores que va­rían entre el pardo y el marrón, viven en grupos y no agreden a los humanos. Pero ya no son exactamente iguales a aquellas primeras reses que llegaron de España. Los rigores de la vida en la península, las han hecho cambiar.

Roberto Varela, especialista del Parque Nacional Gua­naha­cabibes, explica que para adaptarse a un medio tan hostil, con bosques tupidos en los que no existen pastos, este ganado ha tenido que adquirir características propias.

“Por ejemplo, son de menor tamaño que la raza original, y los cuernos también se han ido reduciendo, para que no se enreden en las ramas. Por eso decimos que no hay vacas iguales a estas en ningún otro lugar”.

Según el especialista de desarrollo de la empresa agroforestal, ante la falta de hierba fresca y la escasez de agua dulce, las ubres de las hembras son muy pequeñas, y la leche que aportan apenas alcanza para las crías.

A diferencia de sus antepasados, han tenido que aprender a alimentarse de las hojas de los árboles, bejucos y semillas, y a buscar el agua en las oquedades de las rocas calizas.

Incluso se asegura que son capaces de detectar los manantiales de agua dulce que brotan dentro del mar, y de nadar hasta ellos para beber.

Aun cuando la vida en los bosques o las dunas de la costa sur de Guanahacabibes ha sido dura, con los años han aprendido a sobrellevarla, y como si tuvieran conciencia de pertenecer a una raza exclusiva de la península, al menos los adultos no admiten que se les encierre o se les lleve fuera de aquí.

“Cuando son capturados, rechazan el cautiverio, se vuelven agresivos, se niegan a ingerir alimentos y mueren generalmente de un infarto, producto de la rabia por haber sido sacados de su entorno”, afirma De Celis.

DEPURAR LA RAZA
Con la intención de cambiar esto, a inicios de la década de 1980, la empresa agroforestal introdujo un semental de la raza Anckole, para hacer cruzamientos.

De Celis señala que fue una decisión desacertada que provocó un nivel considerable de mestizaje.

“Por otra parte, también ha habido mezclas con el ganado cebú, que producto del descontrol se internó en el bosque, encontró pareja y comenzó a procrear”.

El resultado, al cabo de varias décadas, ha sido un significativo grado de mestizaje que en la actualidad se pretende revertir.

Para conseguirlo, el especialista de desarrollo de la forestal, explica que la entidad lleva a cabo un programa para la extracción de aquellos animales cuyos rasgos fenotípicos indiquen que son producto de una mezcla de razas.

Hasta el momento, han sido capturados más de 400 ejemplares, y se estima que al menos habrá que sacar otros 300.

Ello hará que la masa definitiva de la península quede en alrededor de unas 1 500 cabezas, con un nivel de mezcla ínfimo o incluso totalmente puras.

Se trata de una labor compleja y arriesgada, teniendo en cuenta lo abrupto del terreno, y que son animales salvajes, que embisten cuando se sienten acorralados.

No obstante, la depuración de una raza que desde hace alrededor de 500 años forma parte del extremo occidental de Cuba, amerita el esfuerzo.

Para De Celis, el programa pudiera contribuir al mejoramiento de la ganadería de otros territorios del país, mediante el empleo de las reses de la península como banco genético, atendiendo a su probada resistencia a enfermedades y parásitos, y su elevada adaptabilidad a los entornos difíciles.

La preservación del ganado de Guana­haca­bibes ayudará, además, a mantener uno de los tantos valores naturales de esta región, pues si bien es cierto que fueron introducidos por los colonizadores españoles, hace mucho que toros y vacas llevan en sus genes el amor por esta tierra ancha y libre, y se mueren de rabia o de tristeza cuando intentan alejarlos de ella.

http://www.granma.cu

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